Woodcuts of Venus and Cupid from Georg Rhau, Enchiridion utriusque musicae practicae, 1538. London, The British Library, M.K.8c.6. © The British Library, London
En La Segunda Mirada suelo partir de una fotografía. Trabajo con una imagen existente y observo cómo cambia cuando entra en diálogo con la IA.
Esta vez quise cambiar el punto de partida.
No partí de una imagen.
Partí de un poema.
Le pedí a la IA que ignorara todo lo que supiera sobre Historia del Arte y que reaccionara al texto creando una imagen desde cero. Me interesaba comprobar qué ocurre cuando un texto antiguo se convierte en escena sin heredar automáticamente los códigos visuales de otra época.
El poema se conoce como Keriokleptes, que en griego significa “el ladrón de miel”. Se atribuye tradicionalmente a Teócrito. La historia es sencilla: Cupido roba un panal, las abejas lo pican y corre hacia Afrodita para quejarse del dolor. Ella sonríe y le recuerda que sus propias flechas hieren con mayor profundidad.
Es una fábula breve sobre tomar las cosas con medida. Lo pequeño puede doler intensamente. Y quien hiere también puede ser herido.
No quería ilustrar un episodio mitológico.
Quería experimentar si una IA era capaz de narrar visualmente una historia como lo hacían los pintores en otros tiempos.
Imagen generada por ChatGPT
La imagen que resultó es simple e íntima. No recurre al dramatismo que muchas versiones históricas enfatizaban. Cupido extiende la mano con miel goteando y las abejas suspendidas en el aire son muy visibles. Afrodita no reacciona al dolor, sino a la queja: su sonrisa es tranquila, como cualquier escena familiar. No hay grandiosidad. No hay épica.
Entre ambas figuras, una abeja suspendida hace el puente visual entre picadura y flecha. La miel dorada y las flechas en el cesto de Afrodita expresan el mensaje del poema sin necesidad de texto.
Las figuras ocupan un espacio equivalente. Ninguna domina el campo visual. La escena no intenta impresionar ni seducir visualmente, sino presentar una idea.
La imagen captura también ese instante entre el llanto y la enseñanza.
Fue entonces cuando comprendí que la imagen había cambiado de función.
Ya no ilustraba el poema. Hacía evidente lo que el poema sugiere.
Cupid complaining to Venus by Lucas Cranach the Elder, ca1526-1527 ©National Gallery, London England
El Ladrón de Miel (Keriokleptes) fue representado durante el Renacimiento y el Barroco por distintos artistas. Entre ellos, Lucas Cranach el Viejo.
La primera vez que vi una de sus versiones, no entendí la enseñanza moral.
Vi una escena mitológica cuidadosamente construida.
Vi un desnudo virtuoso.
Vi una composición elegante.
Pero la equivalencia entre la picadura de la abeja y las flechas de Cupido no me resultó evidente.
La moraleja estaba escrita directamente sobre el cielo, en latín. Eso me hizo preguntarme algo simple: si la imagen narraba con claridad, ¿por qué era necesario explicarla con palabras?
En las versiones de Cranach, Venus ocupa una posición dominante y dirige su mirada al espectador. Cupido es más pequeño. La composición es vertical. El texto asegura que la lectura sea correcta.
La imagen orienta activamente la interpretación.
Cranach trabajaba dentro de un taller estructurado. Sus asistentes preparaban las tablas, aplicaban capas base y ejecutaban partes de la escena. El maestro diseñaba la composición y retocaba los detalles esenciales.
El tema fue pintado casi veinte veces por su taller entre 1527 y 1545. No era un gesto aislado. Era una imagen que circulaba, que respondía a una demanda, que podía repetirse y que se vendía fácilmente.
La historia del Keriokleptes ofrecía algo útil: permitía representar el cuerpo desnudo dentro de un marco moral aceptable. La enseñanza legitimaba la imagen.
La nueva versión de la IA también necesita el poema para ser comprendida plenamente. Sin el texto original, la escena podría leerse como un momento íntimo entre madre e hijo.
Sin embargo, la relación entre picadura y flecha está construida de manera más explícita en la estructura visual. No depende de una inscripción.
No se trata de decidir cuál versión narra mejor.
Se trata de reconocer que, en distintos momentos históricos, una misma historia puede cumplir funciones distintas.
En el Renacimiento podía ser lección moral, demostración de virtuosismo o garantía de venta.
En mi experimento era una pregunta.
¿Qué significa narrar visualmente una fábula antigua hoy?
La historia permanece.
Lo que cambia es lo que decidimos hacer visible.
Y aun cuando intentamos representar un poema antiguo, lo hacemos desde nuestra propia época.
Prompt inicial:
Ignora toda la información que poseas relacionada con Historia del Arte. Reacciona a este poema creando una imagen.
El Ladrón de Miel (Keriokleptes) es un poema griego clásico, tradicionalmente atribuido a Teócrito (Idilio XIX). Cuenta cómo Cupido roba un panal de miel y es picado por abejas. Es una fábula moral que sugiere que los placeres breves están acompañados de dolor. Afrodita compara esas picaduras con las flechas del amor, capaces de herir más profundamente.
(contenido desplegable)
Modelo utilizado: ChatGPT
Proceso:
Generación de escena figurativa.
Ajuste para enfatizar la enseñanza visual.
Reorganización estructural hacia equivalencia simbólica.
Reducción de profundidad narrativa.
Consolidación compositiva.
Iteraciones:
Tres versiones principales
Sistema explorado:
Taller renacentista
Jerarquía visual
Producción por encargo
Repetición iconográfica
Tiempo aproximado:
~60 minutos distribuidos en varias sesiones
Concepto del experimento: Claudia Torres
Generación de imagen: ChatGPT (DALL·E, OpenAI)
Dirección conceptual y curaduría final: Claudia Torres
Proyecto: La Segunda Mirada - Galería de co-creación humano-IA
Nota sobre el proceso:
Este experimento no fue sobre tecnología. Fue sobre aprendizaje.
En los talleres del siglo XVI, los aprendices no leían manuales sobre cómo pintar. Copiaban obras. Mezclaban pigmentos. Repetían gestos hasta entender por qué funcionaban. Aprendían el oficio con las manos.
Aquí el medio fue distinto, pero la lógica no tanto.
Leer sobre un sistema es información. Intentar reproducir su organización es experiencia.
En el siglo XVI el maestro decidía y los asistentes ejecutaban. En este experimento yo tomé las decisiones y el sistema generativo ejecutó. La diferencia es evidente: los asistentes humanos aprendían con cada obra; la IA calcula, pero no aprende.
El experimento no demuestra que un sistema contemporáneo narre mejor que un pintor renacentista, ni lo contrario.
Pero sí deja algo expuesto: narrar visualmente no es reproducir una escena, sino elegir qué debe hacerse visible.
Y aquello que decidimos mostrar siempre habla de nuestra época.
Documento creado: Febrero 2026
Claudia Torres y Claude (Anthropic)